Rabbione deja su legado en la noche: “Ahora soy el copiloto de mi hijo”

Por Leandro Grecco / lgrecco@labrujula24.com
Instagram: @leandro.grecco – Twitter: @leandrogrecco

Bahía Blanca es especial, como tantas otras localidades del país. Cuántas veces se han oído frases como “para ser considerada cuidad es chica, pero para pueblo es grande” o “la gente es muy careta y tiene aires de porteña”. Sin entrar a analizar en profundidad cada una de estas creencias, la realidad de cada uno de los rubros económicos que se expanden por su territorio están cruzados por estos pensamientos que buscan generar menosprecio y prejuicio.

En el ambiente de la noche, afloran quizás con más énfasis los postulados del inicio del artículo periodístico. Claro que existen elementos para sostener dichos pensamientos. Sin embargo, cuando se tiende a generalizar, poniendo a todos adentro de una misma bolsa, se termina cayendo en injusticias que podrían evitarse, estigmatizaciones que tan solo dividen y no resuelven el problema de fondo.

Fernando Jorge Rabbione, es un referente de la vida social de los más de 300 mil habitantes del partido, espectro que se expande si se considera su labor en Monte Hermoso donde, al igual que en la tierra en la que llegó al mundo, logró el éxito al que cualquier emprendedor aspira: trascender, sin necesidad de poner la mano en el bolsillo para pagar deudas.

En esta nueva entrega de la sección semanal de LA BRÚJULA 24, “El Tero”, tal como se lo conoce popularmente, buceó por sus primeros años de vida, su para muchos desconocida faceta vinculada con el mundo del agro, el camino recorrido hasta convertirse en uno de los bolicheros más destacados de la historia local, su sociedad con Alejandro Dichiara a quien define como un entrañable amigo y su firme decisión de comenzar a delegar en uno de sus hijos la continuidad del trayecto recorrido.

En tiempos donde comenzaba la carrera de Rabbione en la noche bahiense.

“Soy nacido y criado en Bahía Blanca hace casi 62 años, tengo un hermano mayor (Ricardo) y con mi familia éramos consignatarios de hacienda y dueños de campos. Teníamos remates-feria a tal punto que me recibí de martillero y me desempeñé en el Mercado de Liniers, además de todas las sucursales de Bahía, incluso hasta en Choele Choel”, mencionó Rabbione, mientras pedía un té para amenizar el momento.

En simultáneo, continuó con la cronología de su vida: “Cursé la primaria en la Escuela Nº 5, luego en la Nº 4 y el secundario en el Colegio Nacional, en tiempos donde no había instituciones privadas. Tengo dos hijos, Nano que trabaja conmigo y Lara que estudia medicina. Los últimos 25 años de mi vida pasé mi cumpleaños (21 de septiembre) en Monte Hermoso, más precisamente en la escalera del Complejo Margarita”.

“Mi infancia fue netamente deportiva, me encantaba el fútbol (soy hincha de Olimpo y Boca), pero también me gustaban el básquet y el boxeo donde pude vivir, gracias a un tío que me llevaba, la etapa de oro del Salón de los Deportes, a tal punto que hoy estoy muy cerca del púgil local Neri Muñoz, con quien espero viajar al exterior porque le tengo mucha fe. Como vivía a una cuadra del club Napostá –Alem al 100– terminé optando por el básquet. En un potrero sobre calle Euskadi jugaba al fútbol y entre las dos actividades pasé largas horas de mi niñez y adolescencia”, detalló “el Tero” sobre sus grandes pasiones, esas que lo llevan a olvidarse por un rato de las vicisitudes diarias.

El básquet, donde cosechó tantas anécdotas como amigos.

Ya con las tazas sobre la mesa del local gastronómico ubicado en avenida Alem al 800, develó una de sus facetas más desconocidas: “Mi etapa como consignatario de hacienda coincidió con un momento muy duro para el campo en general y la industria frigorífica en particular. Nosotros éramos responsables del pago en la transacción ganadera y nos correspondía el 5% de la misma. La actividad entró en una suerte de colapso y nosotros, por cumplir con los clientes, perdimos las seis mil hectáreas de campo que teníamos”.

“Mi viejo murió siendo pobre, fundido. Yo había dejado la empresa un par de años antes del desenlace. Él era un tipo muy honesto, de palabra porque cualquier otro hubiera presentado una convocatoria y no le pagaba a nadie. Un mes antes de fallecer y desde su cama le firmó la escritura cediéndole un campo al dueño de un banco para saldar una deuda”, recordó, con cierto dejo de nostalgia y comprendiendo la situación de aquel acreedor: “Tenía que cobrar y no lo juzgo por eso”.

Posando con una figura: Eduardo “El Tola” Cadillac.

Dando una vuelta de página y bebiendo un sorbo de té, se aproximó a la etapa que le dio más relevancia en su vida profesional: “Mi primera incursión en el rubro de los boliches surge a partir de la compra de John John por parte de mi hermano, en Zapiola al 400. Sin experiencia, comenzamos abriendo solo para parejas, algo que era muy común en aquel entonces. Solo Universitario los sábados admitía el ingreso sin esa distinción y creo que fui yo el que planteó emular al Club”.

“Ahí es donde tenemos nuestro primer impacto, con la llegada del Grupo Universitario a nuestro local bailable. En el verano del 84 comenzamos en El Álamo de Monte Hermoso y en los meses siguientes los incorporamos en John John los miércoles, con lleno total como si fuera un sábado. En el 89 vendemos el boliche y me tomo un impasse hasta el 91, cuando me largo con Stand Up en Monte Hermoso. Allí tenía un socio, pero básicamente el manejo corría por mi cuenta”, rememoró, con relación a una de las primeras patriadas.

Y trató de buscarle una explicación lógica a un boom casi incomprensible: “Estamos hablando de un espacio físico que desafió las leyes de la gravedad porque era muy feo, difícil de entender cómo un lugar así podía dejar 600 personas afuera en la segunda Fiesta de la Primavera desde su apertura. Fue un éxito rotundo que se debe, al igual que otros que tuvieron gran suceso, a la gente con la que uno se rodea. Conseguí tres o cuatro chicos que realmente fueron los que movilizaron a la concurrencia”.

El look de Rabbione, el día que pasó por el altar.

“Volviendo a Bahía Blanca, en 1995, voy a lo que era el Rossini, adquiero Hippodrome y abro Faccia que también tuvo enorme convocatoria, incluso con la matiné donde la fila de chicos que empezaba sobre calle Mitre doblaba la sede de la CGT sobre Rodríguez. En una oportunidad contratamos a Illia Kuryaki and The Valderramas, en pleno suceso del tema Abarajame la Bañera había 2300 personas adentro y 1000 más afuera, en tiempos donde no había tantos controles de capacidad”, indicó, inflando el pecho y exhalando profundamente, por aquel deber cumplido.

De tal modo, sentó postura sobre un lamentable episodio que cambió la nocturnidad en el país: “Antes de Cromagnon éramos kamikazes, todos los bolicheros de Bahía. Igualmente soy un convencido que aquel episodio es ajeno a la seguridad de los boliches porque después de eso se montó un gran negocio, solicitando medidas impracticables como la de una persona por metro cuadrado, que a las 2:30 se tenían que cerrar las puertas o a las 4:30 ya no se podía vender más alcohol para cerrar una hora más tarde”.

“La normativa de cerrar a las 3 de la madrugada en invierno (a las 4 en verano) que rigió durante el gobierno de Duhalde me mató y coincidió con la etapa que tenía Faccia. Recuerdo que la última noche antes de que entre en vigencia esa ley hicimos ‘La Noche Highlander’ porque queríamos que sea interminable y cerramos a las 8:30 de la mañana”, sintetizó, como una de las tantísimas anécdotas que le dejaron aquellos años.

De excusión por El Cairo, paseando en camello.

Inquieto y sabiendo que siempre era necesario reinventarse, Rabbione trazó otro ítem en la línea de tiempo: “En 1999, paso a estar al frente de La Barraca y, casi en paralelo, asumo el mismo rol en Margarita de Monte Hermoso, el cual era de Dichiara y su cuñado. Además de ser mi amigo, Alejandro es un tipo muy capaz, alguien que ve la jugada 10 segundos antes que el resto, pero estaba comenzando su carrera en la política y requería de alguien con mi perfil para que le dedique tiempo al emprendimiento”.

“A diferencia de otros bolicheros, siempre intenté cerrar una etapa y comenzar una nueva en otro local bailable porque los boliches indefectiblemente se caen. Cuando entré al negocio en Monte Hermoso, Aranjuez era líder indiscutido, al punto que el resto jugaban por el segundo puesto y Margarita termina forzando su cierre definitivo. Llevándolo al territorio local, La Barraca hizo lo propio con Bahía Bonita, porque no había público para ambos”, evalúo “el Tero” a partir de su vasta experiencia.

Tras cartón, profundizó su análisis: “La noche tiene dos perfiles en la ciudad: por un lado lo popular encarnado en lugares que hoy ya no están como Impacto Latino o Treintones y por otro, con un público diferente, quedamos Pajas Bravas, Chocolate y La Barraca. De esos tres, en una ciudad como Bahía solo dos tenían éxito, entonces alternábamos ese predominio, situación que se repitió años atrás en Bronx, un boom sin precedentes”.

“Hoy voy de copiloto de mi hijo, trato de dar el visto bueno en lo que él emprende. Incluso, en ocasiones soy de marcarle ‘tenemos que ir a tal lugar’, como nos pasó con el local que abrimos hace poco donde estaba Fighetto. Siempre tuve una mirada estratégica y ahora aprovecho para delegar todo en mi hijo. Él asumió el rol de líder”, admitió orgulloso, al saber que detrás de él hay quien le cuide la espalda.

En una de sus definiciones más interesantes, Rabbione tiró: “Le tengo mucho miedo a la palabra ‘empresario’ porque siempre se lo encasilla como proveedor del Estado o termina en convocatoria o quiebra. Esto siempre fue así en el país y es lo que trato de inculcarle a los jóvenes, me considero un emprendedor. De lo único que me puedo jactar es que no tengo muertos en el placard. En mi vida laboral debo haber tenido no más de cuatro conflictos laborales que no llegaron a juicio. Me considero un inquilino largo que jamás tuve deudas ni con los proveedores”.

“Una de mis ventajas es que no tomo alcohol, la otra es que detesto la droga desde lo más profundo, la gente tiene que ir a un boliche a pasar un buen momento, divertirse, sin excesos”

FERNANDO RABBIONE

Sobre su nexo con el intendente montermoseño y actual primer precandidato a diputado por el Frente de Todos, fue muy claro: “A Dichiara lo conozco desde que tengo 20 años, él es unos años más chico que yo. Mi primer vínculo comercial con él fue en Stand Up, cuando entre 1993 y 1995 abríamos los sábados de invierno. Allí armamos una mini-sociedad de palabra. En aquel entonces yo estaba casado y lo atendíamos mi esposa de aquel entonces, un socio que tenía en aquella época junto a su mujer y Alejandro y su señora”.

Cantando en compañía de su amigo, Alejandro Dichiara.

“Sus hijas me dicen tío porque se generó un vínculo muy fuerte. Y mis hijos lo quieren muchísimo. El lazo se hizo aún más estrecho cuando me incorporo a Margarita. Nunca participé de la política ni en Monte Hermoso, ni en Bahía Blanca, jamás me ofrecieron nada y si eso pasaba salía corriendo. Alejandro tiene un enorme carisma y la gente lo quiere mucho. Es una persona muy capaz que posicionó a la localidad balnearia a nivel nacional”, recalcó, sin titubear y ponderando las virtudes de su amigo.

En simultáneo, tuvo palabras elogiosas: “Soy un agradecido a Monte Hermoso, que me permitió desarrollarme hace ya tres décadas de forma ininterrumpida, sentando las bases de mi carrera tanto allá como en Bahía. Nunca fui de interactuar mucho con la gente. La persona que viene a bailar no viene porque estoy yo en el boliche. Si quisiera pasar un momento conmigo me llama a la tarde y me propone un plan por fuera de lo laboral”.

“Siempre vi a las personas como clientes a los que se les debe dar un buen servicio, iluminación, sonido, seguridad y espectáculos, con el confort que requiere. Si la persona viene con su grupo más íntimo, no te podés meter en el medio a interactuar”, aseveró Rabbione, al tiempo que añadió: “Mi hijo en ese sentido es distinto, anda entre las mesas y se saluda con la gente. Es algo que a mi no me nace y saldría falso. La gente me conoció así hace décadas y no sé cómo tomaría que me instale en sus mesas”.

En los estudios de un programa de TV local.

Para el final, “el Tero” dejó la siguiente reflexión: “Duermo tranquilo, hace 37 años que estoy en esto y soy consciente de lo que se habla de mí. Sabés cuántos en esta sociedad te insultan por el solo hecho de cobrarles una entrada, quieren todo gratis”.

La tarde del miércoles comenzaba a languidecer lentamente, los más de 150 efectivos policiales que custodiaron el pálido cero a cero entre Olimpo y Villa Mitre en el estadio Roberto Carminatti volvían a sus jurisdicciones, al igual que nuestro entrevistado, quien hoy vive con algo más de calma aquella vorágine de la juventud, donde cada decisión de sus emprendimientos pasaban por sus manos.

Fuente: La Brújula

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